El Hibiscus (Núm. 13)

Más valorado por sus características ornamentales, el hibiscus tiene unas aplicaciones fitoterapéuticas poco conocidas pero bien estudiadas desde tiempo inmemorial.

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La flor del hibiscus es muy grande y hermosa, parece hecha para adornar paisajes tropicales y sin embargo, es un género botánico de más de ciento cincuenta variedades, la mayoría con floraciones espectaculares y con aplicaciones gastronómicas y terapéuticas. En función de las variedades, las virtudes varían, por ello, sería recomendable adquirir los preparados o la materia prima en establecimientos de garantía como los herbolarios, especialmente los que, como se hacía en tiempos, dispongan de flor seca, semillas u otras partes de la planta que sean las adecuadas para el tratamiento o el plato deseado.

Como ejemplo y dado que el hibiscus se da de forma natural en todas las zonas tropicales del planeta, muchas de las especies se utilizan, además de su característica belleza, como base de infusiones herbales muy aromáticas y agradables, otras como el Kenaf, se utilizan en la fabricación del papel. La variedad Sabdariffa, de amplia difusión en el Caribe es muy apreciada cuando se utiliza en la elaboración de mermeladas y son tradicionales las infusiones con sus flores, esta variedad es conocida popularmente como “Rosa de Jamaica”. Esta variedad, además de sus muchas virtudes para el paladar, ofrece en su composición calcio, hierro y fósforo, además de vitaminas A, B, C y E, además de fibra. En fitoterapia, se le conocen virtudes antisépticas, diuréticas, purgantes y antioxidantes. En algunos tratados se asegura que tiene efectos calmantes especialmente para el aparato digestivo pero excitante para el aparato reproductor, es decir, dicen que es afrodisíaca. Normalmente para estos efectos se toma en infusiones pero también en refrescos incluso en combinación con otras plantas y frutos.

En esencia, en los países donde el hibisco es endémico, la tradición lo asocia con el alivio de todo tipo de trastornos estomacales e incluso en los más graves ya que hay quien lo recomienda como coadyuvante a los tratamientos médicos del cáncer de estómago con buenos resultados. Precisamente por sus efectos antisépticos, se utiliza en emplastos para la desinfección y ayuda a la cicatrización.

Para los remedios y curas se utilizan tanto la flor como las semillas, por ello, recomendamos, tal y como hemos afirmado al principio, adquirir los preparados ya garantizados o la flor seca para infusiones en las herboristerías de confianza, como la mayoría de las plantas que no conocemos bien, esto no va dirigido a muchos de los lectores de Hispanoamérica, probablemente los remedios a base de hibiscus, los platos y los refrescos que lo contienen en suficiente proporción como para resultar beneficiosos, son comunes y forman parte de su acerbo cultural para su fortuna.

El hibiscus tiene principios activos en su composición muy beneficiosos, además de los ya expresados, aceites esenciales y ácido de hibisco.

Pero no podría terminar sin un repaso a lo que la historia cuenta de tan hermosa y útil planta. La primera referencia escrita que hemos podido cotejar está entre los escritos de un botánico sevillano de Al-Andalus, Abul Abas el Nebate que en 1216 se hacía eco del uso de la planta por los egipcios en la gastronomía, pero hay constancia de transmisión oral que en la China ancestral, los remedios basados en las flores, semillas y frutos de hibiscus son especialmente reconocidos y utilizados. Y además pocas flores producen tanto bienestar espiritual por su brillante color y su belleza, ¿No les parece?.

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La Quinoa – Terapias alimenticias- (Núm. 12)

No hemos de descuidar para tener una buena salud, una alimentación equilibrada, cosa que no es fácil, o se come comida basura y preprocesada, o cultivos intensivos con escasez de nutrientes. Tal vez por eso, conviene complementar la alimentación con productos naturales que aporten lo que la alimentación diaria no hace.

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Cuantas veces se oye lo buena que es la levadura de cerveza o el arroz rojo, o la soja para mejorar tal o cual patología, es cierto, son alimentos buenos que aportan nutrientes no presentes de forma habitual en la alimentación, llamemos de hipermercado que a diario mantiene las constantes vitales del ciudadano medio, pero tomar un poco de aquí y otro de allá no siempre produce los efectos esperados. Suele ser corriente que las bondades de tal o cual producto vengan reflejadas en sesudos estudios realizados entre segmentos de población, habituales consumidores de ese alimento, sin afirmar a continuación que ese suele ser un alimento tradicional e incluso preeminente, con lo que la muestra puede no ser demasiado fiable. Pero, aun a riesgo de que haya quien me lance dardos envenenados por poner en cuestión sus capacidades científicas, entiendo que es básico conocer qué alimentos cubren qué carencias que la alimentación habitual descuida. No es tanto la terapia como la prevención, no tanto curar como cubrir carencias, por todo ello, entiendo que la alimentación bien programada es tal vez la mejor de las terapias.

En mi familia es objeto de debate si incluir de forma progresiva o no, ciertos alimentos cuyas bondades son conocidas y valoradas, no solo por la tradición, también por la ciencia, pero por supuesto, no es cosa de hacerlos preeminentes, no es coherente sustituir de golpe todas las frutas habituales, las verduras por otras con mayor contenido en nutrientes, las legumbres que sustituyen las proteínas animales por otras más adaptadas al sistema digestivo humano… en definitiva, los años disfrutando de un tipo de alimentación, de unos sabores, de ciertas formas de cocinar no se pueden cambiar de la noche a la mañana por muy beneficiosas que sean, ni cambiar la forma en la que se condimentan los alimentos, con que grasa se cocina habitualmente. En mi modesta opinión, cambiar la alimentación podría provocar más problemas que beneficios, por ello, entiendo que lo ideal es ir introduciendo ciertos alimentos de forma complementaria a los habituales, aumentando la ingesta de nutrientes que, por desgracia, no están presentes en la alimentación diaria, ya sea porque se han perdido en las técnicas intensivas de cultivo o porque no existen como tal en el entorno próximo o en la cultura alimentaria en la que se mueve el individuo. Integrar la soja, el arroz rojo o, como en el caso que nos ocupa, la quinoa al menos dos o tres veces al mes como uno de los platos principales o en las guarniciones, irá añadiendo minerales y nutrientes que equilibrarán con el tiempo el organismo, sin romper con la cultura gastronómica a la que se está acostumbrado, lo contrario es una seria apuesta por el fracaso.

Dicho ésto, hablemos de la quinoa. La verdad es que no había reparado en este alimento tan completo y lleno de bondades para la salud hasta que una noticia llegó a mí correo. Al extenderse el consumo de quinoa como excelente complemento alimentario en países donde habitualmente no se consumía, el precio está alcanzando cotas insostenibles para los habitantes de Hispanoamérica que basan su alimentación en esta excelente semilla que, paradógicamente, son los más desfavorecidos por el sistema. En un primer momento, sentí la rabia que produce el saber que cuando se descubre que los más pobres consumen un alimento que es generoso en virtudes, aunque no sea atractivo gastronómicamente, la maquinaria de ganar dinero se lo termina arrebatando sin ofrecerle una alternativa equivalente, simplemente la ley de la oferta y la demanda lo convierte en un lujo, en especial si la ONU declara que el 2013 es el año internacional de la quinoa. En los últimos años casi se ha cuadruplicado el precio y en Bolivia, donde más se consume, ya se exporta el 90% de la producción, obligando a los campesinos a cambiar sus milenarios hábitos alimenticios.

Pero ¿Por qué la quinoa es tan apetecida por dietistas y herbolarios? ¿Qué es la quinoa? El uso que se hace de esta semilla es parecido al de los cereales, se parece pero nada tiene que ver con ellos. En realidad, como he dicho, es una semilla que constituye la base fundamental de la alimentación de los campesinos de varios países andinos, en especial Bolivia.
Históricamente, parece que la quinoa se cultiva desde hace más de 7000 años, se han encontrado restos de la semilla en enterramientos de tal antigüedad, pero fue Pedro de Valdivia quien informa a Carlos I de su existencia siendo este el primer documento occidental en el que se da cuenta de la existencia de tan preciada planta para los nativos. Los incas la conocían como “cereal madre” y de ello hay constancia ya en el siglo XVI.

Las semillas de quinoa se utilizan en ensaladas, guisos, purés, sopas, postres… y la harina que se obtiene de ella permite la producción de pastas, sucedáneos de salchichas, pan de quinoa, galletas y postres en general. En la preparación es imprescindible un lavado enérgico ya que esta semilla contiene un alto nivel de saponina, que le confiere un sabor muy amargo y producir en muchos casos problemas digestivos, pero una vez lavada, las formas de preparación son infinitas, una de ellas está ya en la agenda de nuestra cocina, croquetas de quinoa con setas, los que la han probado dicen que es un plato exquisito, como el tabulé en el que se sustituye el cous cous por la quinoa.

En su composición figura un buen número de aminoácidos esenciales para la dieta humana lo que garantizan un aporte fundamental y muy completo, las proteínas que aporta son extremadamente equilibradas, la presencia de lisina, muy valorada para el desarrollo del cerebro, puede ser muy positiva en ciertas edades, entre los jóvenes y como preventivo de las enfermedades degenerativas en edades avanzadas. Justo para los más pequeños, la quinoa aporta arginina e histidina, elementos básicos para el desarrollo infantil, pero eso no es todo, tiene minerales como hierro, calcio y fosforo, y vitaminas, especialmente del tipo B. Es baja en grasa y alta en porcentaje de proteínas, duplica a la de cualquier cereal convencional.

La FAO reconoce hasta 22 aplicaciones terapéuticas en las que la quinoa es protagonista, con ella se tratan entre los pueblos andinos, abcesos, hemorragias, ansiedad, diabetes, osteoporosis y migrañas, por lo que la inclusión de quinoa y soja, pueden hacer maravillas cuando se pasa de los 50 años.

La verdad es que no es de extrañar que la demanda de quinoa desborde a la capacidad de producción mundial. Esperemos que con el incremento de cultivo indiscriminado, no veamos como todos esos nutrientes se pierden entre varias cosechas o tras cultivos transgénicos.

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La Stevia (Núm. 11)

No muchas plantas han provocado tanta admiración en tiempo reciente. Que muchas plantas son un regalo para la salud, lo sabemos, como lo saben las multinacionales de la farmacia y corren a patentar principios activos para tomar posesión de lo que la naturaleza regala con el fin de exclusivizar su beneficio, pero la stevia es muy antigua y la ciencia constata tan solo que, cuanto más se investiga, más se conocen sus bondades.

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Los nativos Guaraníes de Paraguay conocían las virtudes de la Ka’a He’e, o hierba dulce, probablemente milenios antes de que el botánico español Pedro Jaime Esteve la descubriera acompañando a los conquistadores por el territorio guaraní, en su honor como descubridor para la ciencia botánica, se le otorgó el nombre de Estevia o Stevia, esto ocurría en la primera mitad del siglo XVI. Fue sin embargo a finales del siglo XIX cuando otro naturalista, el suizo Moises Bertoni, decidió adentrarse en los territorios guaraníes para estudiar la enorme riqueza de la flora local. A medida que fue ganando confianza con los nativos, estos le fueron brindando sus conocimientos sobre las plantas curativas que conocían desde tiempos inmemoriales y la más apreciada por los guaraníes era la Ka’a He’e, la hierba dulce con la que endulzaban las infusiones de hierba Mate, también habituales de la zona, corria el año 1887. Bertoni le envió muestras al químico paraguayo afincado en Buenos Aires, Ovidio Rebaudi quien en 1900 publicó un estudio en el que se contemplaba que su capacidad edulcorante era 200 veces superior al azúcar refinado convencional sin los efectos perniciosos de este. Por el gran trabajo realizado por Rebaudi, Bertoni bautizó la planta como Stevia Rebaudiana. El químico logró además sintetizar dos de los principios activos de la planta y los llamó esteviosido y rebaudiosido. Con el tiempo y las técnicas científicas se ha logrado extraer una composición más afinada de sus principios activos, sin embargo los obtenidos por Ovidio Rebaudio han sido la base de estudios avanzados sobre la Stevia hasta hoy.

Sería prolijo describir cual ha sido la evolución de los estudios y la utilización de la planta como edulcorante y sin embargo, no debo continuar sin mencionar que de entre los más avanzados análisis y aplicaciones, los realizados por científicos japoneses han sido esclarecedores para comprender las enormes bondades de la planta. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, los japoneses han llegado a cultivar la planta en su país y han convertido a la stevia en uno de los más extendidos edulcorantes de alimentación en su país.

Pero los estudios más destacables son los referentes a sus aplicaciones terapéuticas, tal y como lo expresa la Asociación Española de Stevia Rebaudiana.

Para empezar, estudios realizados por la Universidad médica de Taipe, en Taiwan, han corroborado que el consumo de stevia como edulcorante ofrece, además de endulzar, efectos cardiosaludables, ligeramente vasodilatadores, cardiotónicos e hipotensores. Es siete veces más antioxidante que el té verde, que no es poco. Por su poder bactericida, a veces se usa en dentífricos y colutorios, especialmente en el país del Sol naciente. Su consumo continuado produce efectos fungicidas en el organismo, regulando y previniendo las infecciones por hongos. También es un diurético suave que ayuda a disminuir los niveles de ácido úrico en el organismo. En el intestino, limita la absorción de grasa, es antiácido y ayuda a la digestión. Disminuye la fatiga y la ansiedad, mejora la resistencia a resfriados y gripes y aplicada de forma tópica es bactericida y cicatrizante, como puede verse, las posibilidades de esta joya de planta son inmensas, avaladas todas ellas por estudios de las más prestigiosas universidades, tal vez por eso no es muy querida por la industria farmacéutica que gana millones con la sacarina o el aspartamo, cuyo fabricante ya pone los pelos de punta solo con nombrarlo, Monsanto.

La Asociación Española de Stevia Rebaudiana tiene un pequeño manual de 5 páginas con consejos sobre el consumo. Ellos, con muy buen criterio recomiendan el consumo de la hoja fresca, ya que es fácil generar nuevos plantones mediante el esquejado y se pueden tener plantas suficientes incluso en una terraza, su uso terapéutico recomienda consumir cuatro hojas por la mañana y otras tantas por la noche o mezclarlas con la infusión preferida o el postre adecuado para endulzarlo sin perder las propiedades terapéuticas inherentes. Si no se planta fresca, se puede adquirir en hoja seca para mezclar con las hojas de té para endulzar o hacer infusiones directas de la propia stevia, esta vez sí para uso terapéutico esencialmente. La hoja seca triturada es especialmente cómoda para endulzar y no pierde propiedades.

Estamos asistiendo a un cambio de paradigma en cuanto a la salud y en ese nuevo paradigma, seguro que la stevia será protagonista importante en un futuro muy cercano.

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La Menta (Núm. 10)

Aunque hay más de cien variedades de menta, casi todas son herbáceas muy apreciadas en la cultura mediterránea, que es su zona de origen y por extensión en todo el mundo.

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Raro es el pueblo mediterráneo que en su acerbo cultural y gastronómico no cuente con la menta como ingrediente privilegiado entre sus recetas y remedios ancestrales. Existen documentos de su valoración como remedio y condimento ya en el Antiguo Egipto. En Grecia incluso forma parte de la mitología, asociando la planta a una ninfa subterránea que habitaba junto al río de los lamentos, afluente del Aqueronte. Discorides, famoso galeno griego, destaca un valor que por supuesto es cuando menos cuestionable, el valor de la menta como afrodisíaco. Los romanos, amantes quienes podían de las grandes comilonas, asistían a las fiestas gastronómicas, tocados de coronas de menta, su aroma era un buen ambientador y podría utilizarse después para colaborar con digestiones imposibles. En la cultura árabe, la menta simboliza el amor y la amistad, por lo que es de buen gusto y mensaje de bien su presencia en el guiso de platos e incluso como adorno de los mismos. Desde la hierbabuena al poleo pasando por la menta piperita, su extraordinario aroma, el sabor que impregna a los guisos ya son suficientes para figurar en el mejor de los manuales de herboristería, pero como es habitual, entraré solo en las aplicaciones fitoterapéuticas y hoy lo haré especialmente refiriéndome a la menta piperita.

La menta forma parte de la familia de las labiadas, es una herbácea perenne que alcanza alrededor de medio metro de altura. De hojas lanceoladas y bordes serrados, dotada de vellosidad, crece en zonas húmedas y su floración suele darse al final de la primavera.
Su aceite esencial está compuesto fundamentalmente de mentol, mentona, acetato de mentilo y taninos, pero también figura en su composición el potasio, el ácido fólico y la vitamina B-9, en este caso especialmente en la menta fresca.
Aunque la mayoría de las variedades tiene propiedades similares, si no se conocen bien las plantas, para hacer los preparados, es conveniente acudir a la planta seca en los herbolarios aunque es fácil encontrar menta de buena calidad en plantas que se venden en los viveros e incluso en los grandes centros comerciales en los que se venden plantas aromáticas destinadas a la cocina.
Los usos medicinales de esta magnífica planta suelen estar principalmente relacionados con el aparato digestivo o respiratorio por costumbre, indigestión o digestiones pesadas, empachos, es buena para despejar las vías respiratorias en afecciones catarrales… pero también se cita como especialmente útil en neuralgias, trastornos circulatorios, reglas dolorosas, palpitaciones y mareos.

Al ser una de sus virtudes la de relajante del estómago, es especialmente útil en infusión para situaciones de estres asociado con molestias gástricas, tomada en infusión. Mezclada con tila, es estupenda para ayudar a conciliar el sueño. Los expertos recomiendan una cucharadita de café de hierbas secas mezcladas por cada medio litro de agua para hacer la infusión. Para combatir la halitosis y las encías inflamadas, se hacen gargarismos con una decocción más concentrada, dos o tres cucharadas en un litro de agua. El mismo producto se utiliza para los dolores de cabeza empapando compresas y aplicándolas sobre la zona afectada. La infusión ligera de menta ejerce efectos calmantes, doblando su concentración se torna estimulante.
Formando parte de otros preparados, la encontramos en infusiones compuestas por una cucharadita rasa de comino, otra de menta y una pizca de regaliz para combatir los gases del aparato digestivo. En infusión con jengibre a partes iguales, es un remedio que minimiza los efectos de la resaca. Mezclada con orégano y tomillo, a partes iguales, la infusión resultante mejora la sintomatología de las ulceras de estómago. El aceite esencial por su parte, algunos expertos lo recomiendan en friegas para combatir la grasa superficial y la celulitis.

Como puede verse, sin ser propiedades extremadamente brillantes, la menta tiene unas aplicaciones interesantes más allá de la gastronomía, donde reina sobre muchas de las plantas aromáticas.

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La Camomila (Núm. 9)

La popular camomila, la manzanilla de toda la vida ha sido, es y será uno de los remedios tradicionales y más extendidos contra los problemas digestivos, no en vano, hay quien toma de forma habitual una infusión de manzanilla al final de las comidas.

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En realidad, como manzanilla se conocen dos plantas que, aunque diferentes, tienen prácticamente las mismas aplicaciones en fitoterapia, son la Manzanilla (Matricaria Camomila) y la Manzanilla romana (Anthemis Nobilis). Ambas crecen en casi todas las regiones de Europa, en terrenos sin cultivo, tienen una altura normal de hasta 30 centímetros y aunque tienen distintas hojas, la Manzanilla tradicional tiene hojas verdes bipinnatisectas y la romana hojas lobuladas, ambas tienen las flores con el centro amarillo y los pétalos blancos. Contiene aceite esencial con camazuleno, aceite de bisabol, cumarina, glucosidos flavonicos, nucinas, ácidos grasos y taninos entre otros compuestos.

Históricamente, los primeros documentos que hemos podido conocer provienen del antiguo Egipto, donde, probablemente por su color y su forma, se la consideraba la flor sagrada de Amón-Ra, la deidad de Heliópolis, es decir la deidad relacionada o gobernadora del Sol, la flor de Manzanilla era una representación sagrada del Sol, de ahí que fuera cultivada y muy valorada sobre todo en Tebas (Luxor) y Karnak, cuyos templos estaban erigidos en su honor y las flores de Camomila se utilizaban en todas las ceremonias dedicadas al Dios del Sol. Griegos y romanos fueron más allá y probablemente empezaron a utilizarla para ciertos trastornos que ellos conocían como fiebres, los romanos la incluyeron en buena medida en la gastronomía y debido a sus pantagruélicas comidas, la Manzanilla comenzó a labrarse una merecida fama para aliviar los trastornos gástricos. En el medioevo, con la cultura de las plantas y sus propiedades saludables restringida a los monasterios, sus bibliotecas y los preparados y licores que solo los monjes podían suministrar con la connivencia de Dios, los sanadores legos podían ser considerados brujos o herejes, por ello, la aplicación de remedios basados en las plantas se hacían con suma precaución en las casas y su conocimiento se transmitía como un tesoro, especialmente de madres a hijas. La Manzanilla en esos tiempos oscuros fue utilizada en la elaboración de los conocidos licores de hierbas con los que aun hoy se terminan muchas comidas y que en algunos países como Francia se conocen genéricamente como “digestivo”, incluso fue parte fundamental en la fabricación de la cerveza hasta que fue sustituida por el lúpulo.

Hoy día, sus bondades se conocen y aplican en diferentes patologías y para lograr resultados benéficos en general. La manzanilla es excelente contra el insomnio, se utiliza como tónico en estados depresivos y convalecientes de otras enfermedades, de ahí la costumbre de tomar manzanilla también al acostarse para dormir mejor y la presencia de esta magnífica planta en mezcla con otras para infusiones relajantes y coadyuvantes del sueño. Probablemente sus propiedades más admiradas sean las de aliviar trastornos gástricos e indigestiones, por lo que es habitual tomarla en lugar de otras infusiones o decocciones después de las comidas o cuando se nota una pesada digestión y por tanto, se suele utilizar en casos de gastroenteritis para aliviar la sintomatología.

Pero la Manzanilla tiene otras interesantes aplicaciones. Alivia la inflamación ocular, las eccemas, ayuda en la cicatrización de heridas, suaviza los problemas menstruales, mejora las irritaciones de garganta y suele dar buenos resultados en todos los procesos inflamatorios de la cavidad bucal. Una aplicación que desconocía es la de vermífugo contra las molestas y desagradables lombrices, la preparación es sencilla: tres gramos de flores, la Manzanilla siempre se prepara con las flores, hervidas durante dos minutos en un litro de agua. Tras reposar una hora, se cuela y al resultado se le añade una cucharada de zumo de limón, una de aceite de oliva y otra de miel.

La Manzanilla es probablemente el producto estrella del herbolario, no es muy necesario dar recetas específicas cuando se encuentran en las tiendas especializadas y hasta en las grandes superficies, la estrella de la preparación es la infusión que, para la aplicación tópica puede incrementarse su concentración y su aplicación suele ser sencilla, ya sea aplicando la infusión directamente o empapando una compresa para aplicarla con cuidado, como suele hacerse cuando se utiliza en los párpados.

La manzanilla es el remedio que nunca falta en las casas y que los médicos recomiendan frecuentemente para paliar ciertas sintomatologías, por algo será.

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El tomillo (Núm. 8)

Thymus

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Hay plantas con propiedades excepcionales que están al alcance de cualquiera, el tomillo es una de esas bendiciones de la naturaleza que por frecuente, apenas se le reconoce la importancia que tiene.

El tomillo es una planta de pequeño tamaño presente en toda la Europa mediterránea, norte de África y diversas zonas de Asia, perteneciente a la familia de las labiadas, de tallo leñoso, pequeñas hojas aovadas de color lechoso en el reverso, que florece en primavera con flores pequeñas que nacen en densas cabezas terminales y de colores blanco, amarillo o púrpura, de cáliz rojizo y labio superior trilobulado. Muy aromática, apenas alcanza más de 20 centímetros de altura.

Buscando en la historia, se encuentran frecuentes referencias a sus bondades entre los documentos de los sanadores (me cuesta llamarlos médicos) griegos y romanos. La variedad más extendida y una de las más valoradas es el Thymus vulgaris, cuyo nombre en griego significa perfume. Era costumbre en las culturas grecorromanas en tiempos remotos quemar tomillo para ahuyentar víboras, escorpiones y arañas venenosas y funciona, pero también se puede usar ahora para alejar otros insectos, no venenosos pero igualmente molestos como los mosquitos y las arañas presentes en nuestro entorno actual. Pero retrocediendo aún más, los egipcios utilizaban el tomillo en los brebajes que se empleaban en el embalsamamiento, griegos y romanos se permitían baños con agua de romero y quemaban sus hojas como si de incienso se tratase, con ello no solo se disponía de un eficaz ambientador, también se creía que se purificaba el hogar o el templo y era agradable a los dioses que así colmaban de favores a la familia o la sociedad que lo ofrecía.

Ya en la Edad Media, San Alberto Magno y sobre todo la excepcional Santa Hildegarda de Bingen, una mujer que por fin la historia está poniendo en valor, destacaban sus virtudes y curiosamente recomendaban el tomillo en el tratamiento de la lepra.
Hoy poco ha cambiado, esta planta sencilla y abundante en la naturaleza está presente en la perfumería, en la gastronomía y en la medicina natural. Muchas de las colonias herbales tienen el aceite esencial de tomillo como ingrediente fundamental, es raro degustar un buen asado de cordero en el que no esté presente el aroma de las hojas de tomillo y muchas son las salsas que perderían su identidad sin la presencia de esta aromática.

El tomillo contiene un alto porcentaje de aceite esencial de timol, un fantástico desinfectante, bactericida y fungicida, principal principio activo de esta planta que también tiene en su composición cimol, pineno, carvacrol, tanino, resinas, glucósidos además de vitaminas B1 y C.

Para poder obtener los beneficios de esta maravilla hay que recolectar las hojas y las flores por separado, no los tallos, preferentemente en verano en días secos.

Las aplicaciones fitoterapéuticas son varias, tanto en uso tópico como por ingesta. Las infusiones para ingerir se preparan con una cucharadita de café de flores secas por taza de café, y son excelentes para combatir los efectos de los resfriados al favorecer la expectoración y reducir los espasmos que provocan la tos. Es bueno contra la inapetencia, la astenia nerviosa, evita los espasmos gástricos e intestinales, previene los dolores de cabeza de tipo nervioso entre otras aplicaciones de las infusiones. Estas mismas infusiones aplicadas en gargarismos dan buen resultado para la rinitis, la amigdalitis y la sinusitis.

Para los baños se utiliza una infusión más concentrada que se obtiene con un kilo de planta completa en cinco litros de agua hirviendo, el resultado se agrega a una bañera medio llena, así se obtienen baños muy tonificantes que además son eficaces contra la Cistitis, uretritis y vaginitis.

Las cataplasmas están indicadas para los problemas asmáticos, bronquiales y se preparan calentando unos ramos de la planta con hojas y flores en un recipiente y se aplica caliente.
Como digestivo, se prepara vino de tomillo con un litro de vino blanco seco y 20 gramos de flores secas, se macera durante 15 días y se toma un vaso de vino durante las comidas.

En definitiva, una planta espectacular, fácil de obtener en la naturaleza y en cualquier herbolario para quien no quiera molestarse en la recolección.

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El Romero (Núm. 7)

Rosmarinus officinalis

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Sabían que el romero formaba parte fundamental de las coronas, compartiendo tal honor con el Laurel y el Mirto y que por eso se le conocía, además de como hierba aromática con el sobrenombre de hierba de las coronas?, y además figura profusamente en el refranero español, como aquel dicho que afirma “de las virtudes del romero se podría escribir un libro entero”.

No es mi labor ahora escribir ese libro, no porque no fuera de mi gusto hacerlo, la realidad es que mis conocimientos no dan para tanto, pero sí para reconocer que esta hierba tan próxima es de gran valor en las culturas de origen Mediterráneo.

Curiosamente su nombre científico dice mucho de esa querencia del romero por las tierras ribereñas del mar “Rosmarinus Officinalis” y como puede leerse en la ficha correspondiente de la utilísima caja de los secretos de las plantas medicinales, el nombre procede del latín “Ros”, rosado, el color que a menudo muestran sus floraciones y “marinus” marino o del mar, por su presencia en las costas del “Mare nostrum”. El romero crece fundamentalmente en un suelo pobre, arenoso y no especialmente rico. De la familia de las labiadas, la forma de sus hojas recuerdan agujas, pequeñas y resistentes, de anverso verde y reverso gris es una auténtica superviviente. Este arbusto que alcanza, normalmente una altura de 60 cm. pero que en algunos casos excepcionales ha llegado a medir dos metros. Cada mata tiene bastantes tallos leñosos y suele dar dos floraciones, una en primavera y otra en otoño, con pequeños ramilletes de flores violetas, blancas o rosáceas, muy del gusto de las abejas.
En los jardines mediterráneos, el romero es de uso común por la escasa necesidad de cuidados que necesita y por sus cualidades aromáticas y coloristas durante la floración, llenando parterres y conformando hermosos y tupidos setos.

En su composición, en especial en sus puntas floridas se encuentra una esencia aromática rica en alcanfor, cineola y alfapineno, flavonoides, taninos, diterpenos y ácidos fenólicos. De la planta se obtiene un aceite esencial compuesto por pineno, canfeno, borneol, cineol, alcanfor, limoneno, que se utiliza para numerosos remedios naturales.

Los principios activos del romero son bien conocidos y aplicados en los remedios naturales y en función de su aplicación tópica o ingerida, son recomendables para diversas patologías, por ello, permítaseme empezar por el remedio que nunca falta en mi armario botiquín, el alcohol de romero.
De uso tópico, las friegas con alcohol de romero están indicadas en contusiones siempre que no haya heridas, dolores articulares, como relajante especialmente en el cuello, aplicándole con un masaje es especialmente tonificante, se recomienda contra la caída del cabello debido a dermatitis seborreica y en veterinaria se utiliza para evitar la caída del pelo de los animales y tiene una especial valía como antiparasitario tópico. La forma casera de hacer alcohol de romero es bien sencilla, partiendo de un recipiente de cristal, llenarlo con la planta fresca recién cogida, verde y en floración es tal vez la forma en que ofrece sus mayores virtudes, se llena el frasco con la planta, flores, hojas y según algunos especialistas, los tallos contribuyen a que el alcohol resultante sea incluso mejor, yo no lo he podido comprobar pero es posible.

Una vez el frasco está lleno de plantas, se colma con alcohol de 96º, que se encuentra fácilmente en las farmacias. Se retira a un lugar alejado de la luz del Sol y se deja macerar durante entre 15 y 40 días, unos piensan que con dos semanas es suficiente y otros que no, que cada cual haga sus pruebas. Cada día de maceración es imprescindible agitar el contenido. Una vez que el artesano decida que la maceración ha concluido, solo queda filtrar el alcohol, desechando la planta y guardando el líquido en recipiente de cristal y fuera del alcance de la luz directa del sol para que sus propiedades no se vean afectadas, el resultado es muy superior al que se obtiene del producto comercializado en las farmacias.

Otro uso tópico curioso es el de loción capilar, que se obtiene con 60 gr. de romero, 60 gr. de raíz de bardana y 60 gr. de raíz de ortiga mayor macerado durante 15 días en un litro de alcohol de 96º, con el resultado de esa maceración se hacen fricciones diarias antes de acostarse con el resultado de la mejora del cuero cabelludo, la disminución de la grasa y el fortalecimiento del pelo.

Para terminar con el uso tópico, me ha llamado la atención una aplicación que alivia los dolores articulares y reumáticos y tonificación general del organismo y que consiste en un baño caliente de inmersión matinal al que se añade un litro de agua hervida con 50 hojas de romero, no lo he probado, no puedo dar fe de sus efectos.

Ya en uso para ingesta, son dos las maneras habituales, una la infusión que se obtiene con 20 0 30 gr. de puntas floridas por litro de agua hirviendo, de una a tres tazas al día suponen un calmante, pero triplicando la cantidad de romero en la infusión, se transforma en un estimulante. En su primera fórmula, además de tranquilizante, estimula el hígado y disminuye la inflamación de la vesícula. El sabor es ciertamente amargo, por lo que no es una ingesta muy placentera, pero bastante efectiva.

La segunda de las maneras, es la del vino de romero. Tantas recetas hay como abuelas que lo han usado, y lo curioso es que todas son excelentes, con vino blanco suele ser más diurético y con vino tinto más tonificante y ayuda a combatir el agotamiento. La forma de hacerlo con vino blanco es mediante la maceración durante tres días de entre 30 y 60 gr. de hojas u hojas y flores, filtrado, con dos o tres copas al día el efecto es notorio, siempre y cuando el vino sea de baja graduación. Con vino tinto se logra cociendo al baño maría 100 gr. de planta en un buen vino tinto durante 20 o 25 minutos, se deja enfriar, se filtra y, con una copa al día, el resultado suele ser también muy efectivo.

El romero tiene aplicaciones gastronómicas en aderezos y guisos, pero sobre todo, a mí me llama la atención el peculiar sabor que le da su presencia a las maceraciones, los escabeches y algunas salsas simplemente esquisitas.

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El Aloe vera (Núm. 6)

Nombre científico: Aloe vera
Otros nombres: sábila, sávila, aloe de Barbados, aloe de Curazao

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Si en fitoterapia hay una planta de valor reconocido y aun sin reconocer y por descubrir desde la antigüedad, esa es el Aloe vera, también conocida como Acíbar, Sábila y otros nombres en las diversas culturas en las que está valorada como se merece.

El Aloe vera es una planta grande, cuyas hojas pueden alcanzar los 50 cm. de largo y los 7 de ancho, carnosas y suculentas, con una floración alta, formada por racimos de hojas tubulosas, la planta, de la familia de las liliáceas, puede llegar a medir entre dos y tres metros de altura y al parecer tienen su origen en el norte y el este de África, pero ya prácticamente se ha extendido a todo el mundo.

Históricamente hay referencias documentales del uso terapéutico del Aloe vera que provienen de la China y Egipto. En Grecia, el farmacólogo y botánico Pedanio Disocórides Anazarbeo, autor del afamado manual “De materia médica”, se hizo eco de sus virtudes, tanto en el campo terapéutico como en el de la cosmética. En Al-Andalus, la España musulmana, hay constancia de plantaciones de Aloe dedicadas a la obtención de fármacos, ungüentos y untes para la salud y la belleza. Ya en el siglo XVI, Pietro Andrea Mattioli, prestigioso naturalista nacido en Siena, asegura que el Aloe se podía encontrar prácticamente en toda Italia sin resistirse a defender sus propiedades sanadoras.
Los principios activos conocidos del Aloe, responsables de sus enormes propiedades son los aminoácidos, los polisacáridos, las vitaminas A, B1, B2, B6, B12 y C, enzimas, ARN, diversos minerales, aloinas, aloemicina, acemanano, mucílago, saponinas y especialmente Germanio. Como puede observarse, algunos de sus componentes reciben el nombre en función del origen que es la propia planta, lo que demuestra su importancia, pero es el Germanio el que destaca para algunos investigadores. El Germanio figura en su composición en gran cantidad, como también en los hongos Shitake o el Ginseng. Al Germanio se le conocen propiedades destacadas como depurativo, ya que elimina todos los tóxicos que generan las células del organismo, revitaliza la medula ósea y sobre todo estimula la producción de endorfinas y el sistema inmunológico.

Muchas son las virtudes que se le atribuyen a esta fantástica planta, casualmente, prácticamente todas están demostradas como buenas. Permítasenos destacar entre las innumerables referencias que es altamente antibiótica, analgésica, astringente, anticoagulante y especialmente es estimulante del crecimiento celular. Por todo ello se suele aplicar de forma tópica para los dolores articulares, tanto los provocados por traumatismos como los causados por otras patologías como artrosis, artritis o reumatismo, es un excelente desinfectante de heridas y quemaduras y fantástico para todas las enfermedades de la piel, en especial las eccemas, verrugas etc. y su uso alivia las picaduras de insectos.

En preparados ingeridos, las propiedades del Aloe destacan por ser una planta hipoalergénica, reguladora de la tensión arterial, es antistamínica, se comporta muy bien para aliviar las gastritis y las úlceras. Pero como contiene un principio antiviral, acelera la solución de patologías relacionadas o provocadas por virus. Incluso se ha utilizado complementariamente a otros tratamientos de enfermedades como el Sida o el Cáncer, disminuyendo los efectos secundarios y mejorando el sistema inmunológico. Pero a la vista de todas estas aplicaciones, no son pocos los grupos de investigación que están trabajando en nuevas aplicaciones terapéuticas y al parecer con muy buenos resultados preliminares. De sus aplicaciones cosméticas poco más podemos añadir que no se conozca, precisamente debido a su gran capacidad regenerativa y su propiedad hipoalergénica, es especialmente apreciado en las cremas faciales y lociones.
Una de las aplicaciones más conocidas es la estética, es decir, como planta ornamental, en este sentido conviene recordar su origen geográfico, esta planta acepta mal el frío, la temperatura mínima aceptable suele ser de 10 grados.

Las variedades más conocidas son el Aloe Maculata, de uso decorativo y muy buena para uso cosmético, poco usada para uso medicinal, el Aloe Arborescens, también usada para decoración y es la más venerada para tratamientos médicos.
Para los preparados, permítasenos recomendar el uso de especialidades presentes en herbolarios que tienen muy bien controlada la dosificación.

Como anécdota y para terminar, cabe comentar que en las instalaciones de la NASA se utiliza el Aloe Vera por su capacidad para absorber el 90% de las sustancias tóxicas que generan el PVC, la fibra de vidrio y las radiaciones electromagnéticas provocadas por los ordenadores y otros aparatos.

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La Caléndula (Núm. 5)

Nombre científico: Caléndula Arvensis
Otros nombres: Maravilla silvetre, Flamenquilla, Flor de muerto

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Es tal vez una de las plantas más apreciadas de la fitoterapia, sus capacidades medicinales, en las diferentes formas de administración son antiespasmódicas, antibacterianas, fungicidas, vasodilatadoras, cicatrizantes, desinfectante ocular y reguladora del ciclo menstrual.

La denominación científica de la caléndula es “Caléndula arvensis”, pero sus nombres comunes no son pocos en toda la cultura mediterránea: Caléndula, Maravilla silvestre, Flamenquilla o flor de muerto por el desagradable aroma que desprende, son algunas de ellas. Los romanos la llamaron “Solsequium” cuya traducción sería “que sigue al Sol” por su parecido al girasol en la época de floración, ya que las flores buscan la luz solar. Los campesinos las observaban para predecir el tiempo ya que la flor se cierra cuando el Sol se oculta. El nombre de caléndula tiene su origen en el latín y significa “pequeño calendario”.

Es una planta vivaz, a veces utilizada para ornamentación por su color y la bondad de sus flores, crece en todas las regiones mediterráneas y no alcanza normalmente una altura mayor de 30 centímetros, pero que también se utiliza asociada a ciertos cultivos ya que su desagradable olor ahuyenta ciertas especies de insectos perjudiciales para la horticultura. Suele crecer en terrenos baldíos y preferentemente en suelos calcáreos.
Probablemente las propiedades más conocidas y valoradas están relacionadas con su poder cicatrizante y por ello es tan valorada.

En la Edad Media son muchos los escritos que valoran las bondades de la caléndula, a la que se le atribuyeron muchas más propiedades de las que ahora la ciencia acepta por sus principios activos. En sus escritos sobre farmacopea, Hildegard de Bingen, la abadesa, personaje poco conocido hoy pero de gran influencia en aquel tiempo y, probablemente una de las mentes más preclaras en una época en la que la mujer apenas era valorada, recomendaba infusiones de caléndula para afecciones hepáticas e intestinales.

Uno de los productos más utilizados es el aceite de Caléndula, utilizado de forma tópica para mejorar la cicatrización, disminuir los efectos de las picaduras de insectos, quemaduras del sol, sabañones y la mayoría de afecciones de la piel. Se obtiene según las viejas recetas decimonónicas, depositando un puñado de flores en el fondo de un frasco de cristal de un litro, cubriéndolas hasta completar el contenido del frasco con aceite de oliva virgen. Se cierra el frasco herméticamente y se deja reposar durante cuarenta días en lugar donde reciba luz solar, según algunos, preferiblemente la luz de la tarde. Pero para la cicatrización, la mejor preparación es la que se obtiene con dos cucharadas del zumo de las hojas, mezcladas con mantequilla hasta obtener una crema.Las infusiones se preparan con una sola flor por taza de agua y es un buen depurativo, diurético y laxante, tal y como escribía la abadesa Hildegarda de Bingen.

Los principios activos de esta planta son la calendulina, flavonoides, esteres colesterinicos, caretonoides, aceite esencial con ácidos salicílicos, oleanóicos y taninos.

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La hierba de San Juan (Hipérico) (Núm. 4)

Nombre científico: Hypericum
Otros nombres: hipericón, corazoncillo
En inglés: St. John’s wort

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Originaria de Europa y Asia, la hierba de San Juan o Corazoncillo como también se le conoce, es una de las plantas que al día de hoy atesoran más adeptos por sus cualidades terapéuticas.
El término Hypericum procede del griego y viene a significar “por encima de todo”, una definición que dice muy a las claras que desde la antigüedad son conocidas sus bondades, unas bondades que sin embargo tienen algún efecto secundario.

En tiempos pretéritos, concretamente en la Edad Media, se quemaba hipérico para ahuyentar al diablo porque se tenía la creencia de que el olor que produce es insoportable para los habitantes del infierno, además, en justas y torneos no se permitía a los caballeros participantes el uso de la planta por considerarlo desleal, es la primera noticia que tenemos de una “sui géneris” prohibición de dopaje.

Esta planta de tallo rojizo y muy ramificado, de la familia de las hipericáceas crece predominantemente en zonas yermas o claros de los bosques a no más de 1600 metros de altitud. De flores amarillas que crecen de junio a septiembre, las hojas se caracterizan por estar cubiertas de puntos traslucidos, que son las glándulas de esencia, las flores producen unas cápsulas ovoides con tres cuernos.

Las propiedades de esta planta son bien conocidas como antibacteriana, antivírica, antiinflamatoria y antidepresiva, incluso se han llegado a probar capacidades de frenar la reproducción del retrovirus del sida. En los últimos tiempos, sus capacidades antidepresivas o para combatir ansiedades, migrañas e insomnio, la han situado en el escaparate de todas las herboristerías y parafarmacias, en preparados de comprimidos, gotas para diluir etc. Pero el hipérico y algunos de sus preparados por vía oral, también son recomendables para mejorar la circulación, estimula las glándulas estomacales, vesiculares y hepáticas, mejorando las funciones digestivas. Las propiedades antidepresivas mejoran de forma notable pasadas algunas semanas de tratamiento.

Para este tipo de terapias, si no se utilizan preparados de parafarmacia, los expertos recomiendan preparados a base de infusiones de treinta gramos de la parte alta con flores de la planta en un litro de agua. La dosis recomendada suele ser (consultar mejor a un médico especializado en fitoterapia) de una taza cada seis horas.

Como desinfectante y cicatrizante, por tanto en uso externo para heridas y pequeñas quemaduras, se utiliza un preparado de aceite de hipérico que de forma casera se hace con la mezcla de 125 gramos de parte alta de la planta florida, 250 gramos de aceite de oliva y 125 gramos de vino blanco. La mezcla se deja macerar durante 5 días, una vez transcurridos, se calienta la mezcla al baño maría durante tres horas, para después filtrar la mezcla que conviene guardar lejos de la luz. Este aceite se utiliza de forma tópica empapando compresas y utilizándolas para desinfectar y empapar la quemadura o la herida. Para este uso también se suele prepara un ungüento que también se utiliza para el tratamiento de contusiones, en conjunción con otras plantas, su preparación es la siguiente: en un litro de aceite de oliva se sumergen 200 gramos de hipérico, siempre la parte alta de la planta cuando está florida, caléndula, llantén menor y milhojas. Se cuece a fuego muy lento durante tres horas, se deja enfriar y se filtra, conservando el ungüento en frasco hermético y como indicábamos en el preparado anterior, lejos de la luz solar. La aplicación en la zona afectada es como si se aplicara una pomada o una embrocación.

Pero hay que tener cuidado con el hipérico, en cantidades importantes, es decir, tomando más infusiones de las contempladas de una taza cada seis horas, puede ser potencialmente peligrosa, especialmente porque produce un cierto grado de hipersensibilidad a la luz solar, tanto en la piel, sobre todo en uso tópico y en los ojos, en la administración de las infusiones.

La hierba de San Juan, dice la tradición, fue muy utilizada por los monjes en los tiempos en que el camino de Santiago era más que una aventura para los peregrinos, era una senda de riesgo importante, tal vez por eso es fácil encontrarla en los bordes de los caminos.

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