Madeira: Una joya verde

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Anclada como un faro verde a 400 kilómetros al oeste de Tenerife y a 860 kilómetros al suroeste de Lisboa, Madeira es una de esas joyas que la Naturaleza regala muy pocas veces.

Madeira es la isla principal de un pequeño archipiélago en el Océano Atlántico, de las que tan sólo dos están habitadas, Madeira y Porto Santo, el resto, otras tres de cierta entidad, forman las llamadas islas desertas, que como indica su nombre, carecen de asentamientos urbanos.

Como todas las islas atlánticas de origen volcánico, son ciertamente escarpadas, como sus vecinas islas Canarias. Dominan la isla principal que da nombre al pequeño archipiélago dos picos de entidad, el Ruivo de 1862 metros de altura sobre el nivel del mar y el Arieiro, ligeramente inferior, tan solo 52 metros que el pico más alto, lo que da una idea de lo escarpado de la isla.

Ya se tienen noticias del pequeño archipiélago en algunos escritos de navegantes del imperio romano, aunque de manera un tanto difusa. Los primeros documentos que hablan a ciencia cierta del descubrimiento del archipiélago, o podríamos decir redescubrimiento son los informes de los marinos portugueses Tristao Vaz Teixeira y Joao Gonçalvez Zarco tras sus viajes de 1418 y 1419. Ciertos historiadores citan documentos, probablemente anteriores en los que se citan los nombres de islas con denominaciones muy semejantes como Leiname, Diserta y Puerto Santo. La posible discrepancia esté en las fechas, pero sea como fuere quien las redescubrió, ya que los documentos romanos parecen fiables, Fueron expediciones de Portugal, por iniciativa del Rey Juan I y el Infante don Enrique las que iniciaron la colonización e estas islas en 1425. Pero es a mediados del siglo XV cuando se crean órganos administrativos en los que se sitúa al frente a sendos capitanes donatarios en tres circunscripciones llamadas Machico, Portosanto y Funchal. Los responsables administrativos se rodearon de colonos de la metrópoli, ciudadanos portugeses de distintas esferas sociales siguiendo un orden establecido por la corona. El primer cometido es generar una estructura agraria con la que conseguir sustento y posteriormente ingresos para la metrópoli.
Los primeros colonos vivían prácticamente de forma exclusiva de la pesca abundante, pero era necesario el cultivo de cereales, extremadamente importante en el siglo XV. Una de las dificultades que se encuentran los colonos es la orografía y sus problemas asociados. En Madeira, la mitad de la isla es abundante en agua, la otra mitad carece de ella. El primer paso fue crear canales, aun hoy usados por los agricultores, que llevaran el agua de la zona, llamémosle húmeda a la zona seca. Son conocidas como “levadas” y hoy forman parte importante de la historia de Madeira. Algunas de ellas son recorridas por senderistas disfrutando de hermosas vistas del paisaje insular, otras, por su escarpada situación pueden ser peligrosas y no se recomienda pasear por ellas.

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El siguiente paso fue diezmar los frondosos bosques de laurisilva que cubrían la mayor parte de la isla mediante quemas, para obtener zonas de cultivo donde plantar trigo, tan necesario y valioso para alimentar a los nuevos habitantes del archipiélago. Las primeras cosechas fueron escasas, pero a medida que la desforestación se hacía mayor, las cosechas aumentaban y el trigo de Madeira llegó a alimentar a una parte de Portugal. Sin embargo, una vez concluida la guerra en España y normalizadas las relaciones de los dos estados ibéricos, las plantaciones de trigo peninsular satisfacían sobradamente la demanda de ambos países por lo que el trigo de Madeira se tornó innecesario. Puestos a encontrar cultivos alternativos, los colonizadores portugeses pensaron que el clima suave de las islas le reportaba una ventaja adicional, especialmente en contraposición al ciertamente duro clima continental de la península Ibérica, así, la elección no fue difícil, la candidatura más fuerte la presentaba la caña de azúcar, alimentada por una creciente demanda y los escasos lugares donde se podía cultivar en Europa. Muy rápidamente se convirtió en producto prioritario y base de la economía de las islas.

Un nuevo vuelco en la historia obligó a cambiar la agricultura insular. Portugal era potencia colonial en la recién descubierta América. Brasil se convirtió con el apoyo de la corona en uno de los principales productores de caña de azúcar, lo que contribuyó a bajar los precios y popularizar el producto resultante. Las pequeñas plantaciones de Madeira dejaron de ser rentables lo que obligó a una nueva búsqueda de “modus vivendi” para sus habitantes, estamos hablando del siglo XVII. La alternativa surgida de los cambios en el comercio mundial llevaron a los hacendados y agricultores a plantar viñedos con el fin de producir vinos. De nuevo el clima fue determinante y la calidad que con el tiempo se han obtenido ha convertido a los caldos de Madeira en un lujo para las mesas que los degustan.

Como puede apreciarse, la Naturaleza ha sido siempre el mayor patrimonio de estas islas y por ello, los bosques de laurisilva que resistieron a la desforestación inicial de la colonización, hoy son patrimonio de la humanidad declarado por la UNESCO en 1999.

Las peculiares características climáticas del pequeño archipiélago se dan por una temperatura del agua oceánica que oscila entre 17º y 26º gracias a la cual, las islas disfrutan de un benigno clima subtropical, La humedad propia de tierra insular hace el resto. Sin embargo, algunas de las islas pequeñas no tienen tanta suerte, ya que el viento y el escaso valor mineral de la tierra le otorgan un clima estepario en el que sobreviven especialmente plantas xerófilas, entre las que destacaré las euforbiáceas, muchas de ellas endémicas de estas islas por lo que tienen un enorme valor como ecosistema en el que habitan especialmente aves marinas únicas. Esas islas desertas forman una reserva natural creada en 1990 que acoge a esa muy especial flora y fauna que tiene su hogar solo en ese lugar.

Para un amante de la Naturaleza, la visita a los bosques de laurisilva de Madeira, especie endémica, no debe obviar un paseo por el Jardín Botánico de Fuhchal, que originariamente fue jardín privado de la Quinta do Bom Suceso, adquirido por la Junta General de Gobierno a mediados del Siglo XX y que, como jardín botánico, abrió sus puertas en abril de 1960.

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El senderismo por los bosques y las levadas de Madeira es una actividad maravillosa a sabiendas de que se recorre un lugar con una flora y fauna únicas, en definitiva por un paraje que la Naturaleza regala al visitante que sabe apreciarlo.

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Ámsterdam, Capital de las flores (Núm. 14)

Ámsterdam no es una de las ciudades más antiguas del mundo, es más, su origen no alcanza el milenio y sin embargo, la capital neerlandesa es uno de los puntos más destacados del comercio mundial, especialmente para nosotros, del comercio de flores y plantas.

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Casualmente, la ciudad más conocida, más prestigiosa y visitada de Holanda, no es su capital administrativa, que es La Haya, sede del gobierno, de la monarquía y la judicatura. Pero por no ser, ni siquiera es la capital de la provincia en la que está ubicada, que es Haarlem, un caso curioso, la capital no es sede de la administración ni ejerce como capital regional, solo lo es del país. Ámsterdam fue fundada en el Siglo XII como una comunidad de pescadores, es pues una ciudad relativamente joven, aún no ha cumplido un milenio y sin embargo, muchas han sido las vicisitudes que la han llevado a ser uno de los puertos comerciales más importantes de Europa.
Ámsterdam es conocida en el mundo por muchas razones y lugares, amén de los relacionados con el comercio a gran escala y el mundo financiero. Por ejemplo, se la conoce como la Venecia del Norte por sus muchos canales en el centro de la ciudad, pero ese apelativo se lo disputa con Brujas y Estocolmo, igualmente surcadas por canales atravesados por innumerables puentes. Para fortuna del viajero impenitente, el Norte de Europa tiene tres Venecias a cual más hermosa y a cual más distinta a la irrepetible urbe italiana.
El casco viejo se fue conformando desde el siglo XVII con la fuerza y la personalidad que el floreciente comercio asentado en sus calles crecía. La arquitectura de la ciudad ribereña del rio Amstel adquirió la personalidad única propia que comparten con los belgas y que ninguno de los conflictos que han vivido, ha logrado destruir, es por eso que el casco antiguo de Ámsterdam es visita obligada.

Pero el recorrido por las viejas calles que rodean los canales por los que aun navegan pequeñas embarcaciones y gabarras, lleva inevitablemente al viajero a dos lugares de gran fama, el Barrio Rojo, sede de los lupanares de la ciudad, no en vano, la prostitución en Holanda es una actividad legal y regulada, algo que choca con las legislaciones del resto de Europa.

El otro lugar de indudable encanto es el mercado de las flores, instalado desde siempre en barcazas ancladas de forma permanente en el canal Singel, en pleno centro de la ciudad. En sus puestos llenos de color, el visitante puede adquirir de todo relacionado con flores y plantas, desde flor seca, búcaros, jarrones, herramientas, plantas ornamentales de interior, semillas, bulbos… así como flor cortada y centros elaborados, en esencia es el paraíso para quien siente un profundo amor por la naturaleza. Creo que es el único lugar del mundo donde pueden adquirirse cualquiera de las más de 700 variedades de bulbos de tulipán, la planta nacional por excelencia, que se cultivan en Holanda, e incluso hay alguna barcaza que se ha especializado en plantas y adornos navideños y los vende durante todo el año. El mercado del canal Singel abre todo el año de lunes a sábados de 9 a 5 de la tarde y los domingos de 11 a 5,30. Una visita es imprescindible a estas barcazas si se viaja a Ámsterdam y en especial, hacerla armado con una buena cámara de fotos, el espectáculo multicolor es inigualable, Holanda entera es enormemente plástica como bien demostró Vincent Van Gogh.
Sin embargo, esta hermosa ciudad alberga el mayor mercado mayorista de flores y plantas del mundo. Empresas holandesas y mixtas, repartidas por todo el planeta, centralizan en este mercado los productos de sus viveros de flor cortada y planta cultivada que funciona, como puede apreciarse en las imágenes, como una bolsa de acciones o una lonja. Es espectacular el número de toneladas de flor y planta que pasan por los almacenes de este mercado mayorista a diario.
Ámsterdam es pues el centro de logística más importante relacionado con el comercio de plantas pero el visitante dispone de otros atractivos en la que es la capital cultural de Holanda. Una de las más valoradas salas de conciertos, el Concertgebouw, el museo de la casa de Ana Frank, la casa taller de Rembrandt, el museo de Vincent Van Gogh, el museo del cine… pero vuelvo a reparar en uno de los lugares que un enamorado de la flora, de la Naturaleza en general, nunca debiera dejar de visitar. El Hortus botánicus, uno de los jardines botánicos más antiguos del mundo, fundado en 1660, donde se conservan especies muy antiguas, entre ellas, la planta del café de la que se obtuvo el esqueje que los franceses llevaron a la isla Martinica desde la que se propagó por toda América.
Pocas ciudades en el mundo tienen tan estrecha relación con la botánica personificada en los cultivos de flor en sus alrededores y en el comercio botánico, es por eso por lo que nos hemos atrevido a traer a estas páginas, por méritos propios a Ámsterdam, capital de las flores.

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Una joya de la historia Palmira (Núm. 13)

Esta joya arqueológica tal vez ya no exista, me han llegado noticias de que ha sido lugar de combate en esa absurda guerra de Siria, al parecer los obuses y las ametralladoras han barrido la zona y me embarga la tristeza, tal vez he de tachar de esa utópica lista de lugares que me encantaría conocer y que la infinita estupidez humana, como la calificó el inefable Albert Einstein, ha borrado del mapa.

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La destrucción parece asociada a Palmira, una vez fue el emperador romano Aureliano quien la mandó arrasar como castigo a sus levantiscos habitantes en el siglo III, reconstruida después, siete siglos más tarde, un terremoto la cubrió definitivamente con la pátina de la historia. Lo poco que queda, objeto de admiración por la población siria y los muchos visitantes que cada año paseaban por lo que fueron repletas calles de una ciudad importante, pueden haberse perdido para siempre en favor de bastardos y asesinos intereses. La absurda y prefabricada guerra de Siria no solo está generando miles de muertos, una tragedia humana sin sentido, también está destruyendo el patrimonio histórico de la humanidad.

Pero centrémonos en la historia de ésta que fue una ciudad admirada entre dos mundos, oriente y occidente.

Existen noticias de que el asentamiento que dio lugar a la ciudad de Palmira, es muy antiguo. Aunque el embriagador nombre de la vieja ciudad fuera de origen arameo (la etimología viene a ser “ciudad de los árboles de dátil” por su cercanía al oasis de Afqa), el original, coincidente con la más cercana y moderna ciudad del yacimiento, era Tadmir.
Capital de los nabateos, pueblo que algunos asocian con la descendencia de Ismael, tras la decadencia de Petra que estaba más alejada de los acuartelamientos romanos y por ende, más expuesta a las incursiones de las tribus no pacificadas, alcanzó su máximo esplendor en el siglo III de nuestra era como paso obligado de la ruta de la seda. Las caravanas que trasladaban mercancías preciosas de oriente a occidente entraban en el Imperio Romano, zona más segura por Palmira, antes lo hacían por Petra, pero la presencia de guarniciones militares del imperio más al norte, promovió este cambio de hábitos del comercio. Palmira era pues una ciudad prospera que llegó a albergar a alrededor de 200.000 habitantes, en gran medida dedicados al comercio. Plinio el viejo la definió como “independiente entre dos mundos”. El emperador Adriano, impresionado por la magnificencia de la ciudad durante una importante visita, le otorgó derechos de ciudad libre, Palmira le agradeció tal gracia con un cambio de nombre, así pasó a llamarse Palmyra Hadriana.

Justo en su momento de máximo esplendor, siendo provincia de frontera, sufrió el acoso de los sasánidas. Esta situación provocó ciertos cambios geopolíticos en la zona, aunque no fueron muy duraderos. El emperador Valeriano trató de defender las provincias de oriente del ataque persa pero fue apresado y muerto, según unas fuentes, escasas, brutalmente asesinado, según otras a causa de los trabajos forzados a los que fue condenado por el Rey Sapor de Persia. Sea como fuere, el hijo de Valeriano se hizo con el poder en Roma mostrando un desinterés grande en la suerte de su padre. En tal orden de cosas, el gobernador de la provincia que ya tenía su capital en Palmira, Septimio Odenato continuó la lucha contra los Sasánidas pero es también asesinado, el vacío de poder se hace enorme. Es el momento que aprovecha su viuda, Zenobia, para proclamarse monarca del efímero reino de Palmira, corría el año 266. Sus posesiones abarcaban lo que conocemos por Siria, Palestina y Egipto. Mientras, en Roma, el Hijo de Valeriano, Galieno que tras haber asumido el cetro sin tener clara la suerte de su padre, es asesinado. Le sucede uno de los llamados emperadores generales, Aureliano que recupera todos los estados desgajados del imperio aprovechando la debilidad de la crisis del siglo III y el vacío de poder tras la muerte de Valeriano. Entre los territorios recuperados está el reino de Palmira. Detenida Zenobia, es trasladada a Roma, en el año 272, la ciudad es perdonada siempre que se mantuviera fiel a Roma, pero los habitantes de la ciudad, se niegan a abandonar el proyecto de estado que Zenobia había iniciado, se levantan de nuevo contra la metrópoli y el nuevo emperador no lo tolera, ordena destruir por completo la ciudad.

Este sin embargo, no fue el fin de Palmira. Tras reinados cortos de emperadores romanos, muertos o asesinados en una sangrienta lucha por el poder que debilitaba cada vez más a Roma, Diocleciano puso fin en el 284 a la llamada crisis del siglo III que estuvo a punto de acabar con el Imperio Romano. Tras un acuerdo de paz con los Sasánidas, reconstruyó Palmira. La nueva ciudad, más pequeña que la que llegó a rebelarse contra el imperio, tenía una doble función, mantener el flujo comercial con las provincias romanas y servir de base de operaciones para las unidades militares que en ella se acuartelaron. El llamado campamento de Diocleciano se ubicó en el que fuera palacio de la reina Zenobia, a las afueras de la nueva ciudad. A pesar del acuerdo de paz, el imperio de los persas seguía siendo un enemigo peligroso y había que vigilar las fronteras.

Pasó mucho tiempo, Roma dejo de ser un imperio, el campamento de Diocleciano vio como sus ocupantes se dispersaban y la ciudad nabatea de Palmira seguía allí, el comercio ya no era tan floreciente, en occidente reinaban tiempos oscuros, la demanda de sedas, especias y otros productos de Asia no era tan voluminosa, la importancia comercial de Palmira se fue diluyendo. En el año 634, la presión de los árabes no encontró excesiva resistencia, la ciudad pasó a formar parte del mundo musulmán. Cuatro siglos más tarde, un poderoso terremoto acabó con Palmira, sus habitantes, muy lejos de los 200.000 que un día habitaron en ella, se dispersaron dejándola en el abandono que ha llegado a nuestros días, o mejor habría que decir, hasta hace dos años.

Hasta el comienzo de la guerra de Siria, Palmira era uno de los lugares preferidos de los muchos que tiene este país para los que sienten la llamada de las culturas antiguas. Parte del Eufrates cruza tierras sirias y no conviene olvidar que para muchos, Mesopotamia, la tierra entre este río y el Tigris constituye el origen de la cultura que hoy consideramos occidental. En esas tierras milenarias está escondido, tal vez, el secreto del origen del hombre y sin embargo, la permanente inestabilidad política y militar de la zona parece pensada para alejar de allí a investigadores, historiadores curiosos y visitantes en general, como si hubiera que evitar el conocimiento que guarda esa tierra reseca.

En Palmira, si los obuses no han acabado con el yacimiento, cabe destacar el templo de Bel, en realidad es el dios babilónico Baal que en arameo significa Amo. Curiosa traducción. El templo de Nebo, dedicado a otra deidad mesopotámica, dan que pensar, Palmira no parecía proclive a aceptar las deidades romanas, tenían su propia religión, su propia liturgia heredada del otro lado del Eufrates, como parece desprenderse de recientes estudios, algo que ocurre también con el culto a los dioses griegos e incluso pudiera ser el origen inspirador de más religiones aun vigentes. Otros lugares de gran interés son el Ágora, el teatro y el antes mencionado campamento de Diocleciano. Algo más alejado del núcleo de la población se levanta un templo cuya advocación es desconocida y, si las armas no lo han destruido, estaba en muy buen estado.

A muy pocos kilómetros, en las colinas circundantes, se debe visitar el llamado “Valle de las tumbas”, lugar donde se realizaban los enterramientos de la ciudad en unas curiosas construcciones funerarias en forma de torres cuadradas, algunas muy bien conservadas. Parece que fueron construidas en el periodo de esplendor de la ciudad, es decir, desde el siglo I al III. Se han catalogado varios tipos de tumbas, las tumbas torre, las tumbas casa en superficie y las tumbas hipogeo, tanto tipo torre como casa, pero subterráneas. Unas construidas con frescos pintados en la pared y decoradas con esculturas, a modo de panteones familiares, otras de grandes dimensiones que podían servir como última morada hasta a 500 cuerpos.

Palmira fue un crisol cultural entre oriente y occidente, incluso pudiera, junto con Petra haber servido de canal para transmitir conceptos culturales y religiosos procedentes de Mesopotamia y culturas aún más antiguas. En 1980 fue declarada por la UNESCO patrimonio de la humanidad, un nombramiento que no parece haber servido de mucho. Cuando callen las armas, veremos lo que la estupidez humana ha dejado en pie, pero como última reflexión diré, qué se puede esperar de quien hace uso de la vida de sus semejantes en beneficio propio, para esos seres repugnantes, los instigadores de uno y otro lado, la historia es uno de sus peores enemigos y lugares como Palmira se resisten siempre a sus delirios.

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La Gran Muralla China (Núm. 12)

Un largo camino.
Se da por hecho que la Gran Muralla se ve desde el espacio, pero no es cierto, entre otras razones porque una buena parte de sus casi 9000 kilómetros de longitud ya no existen, pero que el mito de su visibilidad espacial no responda a la verdad, no hace que esta construcción sea un hito digno de ser visitado.

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Las fotografías de las sucesivas estaciones orbitales y el consabido Google Earth, han acabado con el mito de que la Gran Muralla era la única construcción de la humanidad, visible desde el espacio, no, al menos en el siglo XXI no es cierto, porque no se puede ver lo que ya no existe.

Solo se conserva en condiciones aceptables el 30% de lo que fue una obra enorme, costosa en recursos y vidas. Hay quien afirma que la Muralla es el mayor cementerio del Mundo ya que en su proximidad se especula que hay enterrados alrededor de 10 millones de trabajadores además de los guerreros de uno y otro lado que perdieron la vida intentando franquearla o defenderla.
El origen de la Gran Muralla es muy antiguo, data del siglo V a.c., lo que significa que los primeros tramos de la edificación fueron construidos hace 2500 años durante el periodo llamado “Primaveras y otoños” y “reinos combatientes”. Ya en aquellos tiempos, el peligro que amenazaba a lo que después sería el imperio Chino, residía al norte de sus tierras.

Las tribus nómadas de Mongolia y Manchuria hacían frecuentes y sangrientas incursiones en la fértil y rica tierra china, expoliando bienes e incluso anexionándose tierras de cultivo. Estas tribus nómadas, llamadas por los defensores chinos Xiongnu llegaron a amenazar seriamente a las tierras del sur. Las dificultades para proteger sus dominios, acrecentadas por la enorme distancia que era necesario defender, dada la longitud de sus fronteras, empujó a los señores del sur primero y a los emperadores de sucesivas dinastías después, a construir una empalizada que fuera más sencilla de vigilar y sobre todo, difícil de franquear. El origen es pues anterior a las dinastías gobernantes posteriores que, también, al seguir sufriendo las embestidas de las tribus del norte, continuaron agrandando la muralla que crecía tapando las zonas por las que penetraban sus enemigos. La muralla siguió creciendo durante casi 400 años, los siguientes 1000 años, la muralla apenas aumentó, tan solo se hacían labores de mantenimiento en los lugares donde el tiempo, los elementos y las escaramuzas con algunas tropas revoltosas del norte lo hacían necesario.

A partir del siglo XIV, con la llegada de la dinastía Ming, las hostilidades con el imperio Manchú se hicieron frecuentes, por lo que se reforzó especialmente la muralla más próxima a la capital mediante la construcción de empalizadas de piedra caliza o ladrillo cocido como veremos más adelante, esas son las zonas más conocidas, más fotografiadas y en la actualidad, las más cuidadas por la gran afluencia de turismo que soportan, otras zonas no están recibiendo los mismos cuidados, además, la construcción de la mayor parte de la muralla no es tan sólida como la de esta zona, por ello, es probable, desgraciadamente que en medio siglo, lo que quede de la Gran Muralla no pase de un 10 % de su longitud en el momento de mayor esplendor.

Pero a pesar de los intentos de la dinastía Ming por frenar la invasión Manchú, recrudecida desde principios del Siglo XVII, en 1644, todos los sistemas defensivos saltaron en pedazos y China fue invadida, desde ese momento, el protagonismo de la Gran Muralla se perdió ya que no era necesaria para frenar a los guerreros del norte, ellos ya se habían apoderado del sur. Con todo, vastas zonas de la muralla, las más débiles por los materiales que la conformaban o aquellas cuya factura permitía reciclar sus componentes para otros menesteres, fueron poco a poco desapareciendo.

La Gran Muralla se fue construyendo con los materiales de que se disponía en el entorno, con ello se obtenían dos ventajas, la primera desbrozar el entorno para que cualquier ataque fuera en campo abierto, la segunda, no necesitar mover grandes cantidades de materiales para su construcción, así, según la zona, estaba construida por capas alternas de grava triturada y cañas o granito y también con alma de barro y tierra recubierta de piedra caliza, mármol o ladrillo cocido. Por lo general, la altura de la Muralla estaba entre 6 y 7 metros y el ancho de la empalizada oscilaba entre los 4 o 5 metros, salpicada cada cierta distancia de torres de vigilancia, muchas de ellas, además hacían funciones de aviso preventivo con sistemas de señales de humo que permitían lanzar alarmas de invasión y cuarteles de control de guardia y vigilancia, algunos especialmente diseñados para albergar unidades de caballería. En sus mejores tiempos llegó a disponer en sus cuarteles y torres la friolera de un millón de guerreros.

Cualquier viaje a Pekin no puede obviar una visita a la Gran Muralla, ya que la zona más tradicional de ésta, está a pocos kilómetros de la capital de China, aunque sea la parte más moderna, ésta se eleva sobre la más antigua y por ello rezuma un pálpito ancestral que a nadie deja indiferente.

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Parque Nacional de Plitvice (Núm. 11)

Es, probablemente, uno de los lugares más hermosos y menos conocidos de Europa, tal vez los años de su pertenencia a la república de Yugoslavia ha propiciado el escaso conocimiento del lugar en el occidente europeo, y tal vez también, en ese desconocimiento radica su actual y enorme encanto.

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Croacia es un país de contrastes, con una arraigada historia y monumentos que figuran en los manuales del avezado visitante y sin embargo, uno de los lugares de mayor belleza de tan hermoso país es muy poco conocido en el resto de Europa. Hasta no hace mucho, nunca había oído hablar de los lagos de Plitvice y menos aún, me había deleitado con alguna de sus imágenes. Desde luego, cualquier visita que se haga a Croacia sin conocer este Parque natural, en mi opinión, discutible claro está, es una visita perdida.

Situado en la región de Lika, muy cerca de la frontera con Bosnia-Herzegovina y no demasiado lejos de la costa del Adriático, el parque nacional de los lagos de Plitvice fue declarado como tal en 1949 por el estado yugoslavo. En 1979 la Unesco catalogó el parque natural como patrimonio de la humanidad y amplió dicha catalogación en el año 2000.

El parque tiene una extensión aproximada de 30.000 hectáreas en su mayor parte cubiertas de bosque, un bosque cerrado compuesto por hayas, abetos y piceas fundamentalmente.

En las muchas fuentes y manantiales presentes en el Parque Nacional, nace el río Korana. Las particularidades que convierten en único el lugar tienen que ver con el tipo de roca que compone la geología presente, roca caliza que genera fenómenos kársticos a causa de su disolución por el efecto de la abundancia del agua en la zona. Razón también por la que los manantiales tienen facilidad para alcanzar la superficie y los cursos de agua adquieren formas caprichosas y generan cascadas y cataratas de singular belleza en un elevado número, en total se contabilizan 92 que hacen las delicias de visitantes y enamorados de la naturaleza, fotógrafos y videoaficionados. Cascadas y cataratas alimentan a 16 lagos de distintos tamaños que dan nombre al parque y sobre todo, marcan el alma del lugar con sus aguas limpísimas de un hermoso color turquesa.
Las zonas lacustres tienen distintas alturas, razón por la que los biólogos locales las dividen en dos, los lagos altos, a más de 630 metros del nivel del mar, con riberas de elevaciones suaves y rodeadas de bosques, y los lagos inferiores, con una altitud media de 500 metros sobre el nivel del mar y sus riberas forman gargantas y cañones de cierta profundidad. Lógicamente es esta diferencia de altura entre los lagos altos y los inferiores lo que genera las cascadas y las cataratas que significan la mayor de las bellezas del lugar cuando el agua salva las diferencias de altura con caídas singulares. El más alto de los lagos, el Proscansko es el menos visitado, el más grande y tranquilo del Parque, debido a que las cataratas son, por lógica, los lugares más apetecidos por los visitantes, tal vez por ello es el que se encuentra en un estado prístino, perfecto. La cascada más visitada es probablemente la conocida por el nombre de Sastavci, la fuente del rio Korana. Pero si hermosa es la hidrografía del lugar y la flora que cubre sus elevaciones y riberas, no lo es menos la fauna que tiene en Plitvice su hogar. En especial los biólogos se enorgullecen de la presencia en sus bosques de hermosos ejemplares de oso pardo, pero con el gran oso europeo comparten el entorno el lobo, y felinos salvajes como el lince y el gato montés, además de aves como el águila, el búho y el urogallo y hasta 126 especies diferentes conocidas por los cuidadores del entorno privilegiado de este Parque Nacional Croata.

Los visitantes tienen a su disposición algunos alojamientos en el entorno y las visitas disponen de un recorrido por alguno de los lagos en pequeños barcos de propulsión eléctrica para no mancillar el entorno. La visita ha de hacerse a pie, sin salirse de los senderos marcados, muchos de ellos cubiertos de madera que impiden el deterioro del suelo, principalmente compuesto de travertino, un material que se produce por la decantación y sedimento de las diluciones de la piedra caliza por el agua presente y que es extremadamente delicado a los efectos de la presión de las pisadas. Además, esos caminos de madera están salpicados de puentes que permiten una magnífica observación de las cascadas desde lugares que serían de imposible visita si no fuera por estas construcciones que por su diseño y materiales empleados, en nada deterioran el medio ambiente del paraje en el que se levantan.
No es de extrañar pues que Plitvice fuera candidato a inscribir su nombre entre las siete maravillas del planeta en el año 2011 y si no fueran siete las elegidas, seguro que formaría parte de tan justificado título.

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Bahía de Ha-Long (Núm. 10)

Cuando la naturaleza es arte.
Es común que en estos parajes del planeta, la magia y la leyenda sean el origen de la etimología de lugares que rezuman ese espíritu que debió pertenecer al Paraíso, si es que alguna vez existió fuera del imaginario humano.

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Cuentan las leyendas que la bahía se formó por causa de un dragón, según unas, el dragón se lanzó al suelo y al hacerlo produjo una depresión tal que el mar llenó de inmediato, al sentir el agua, el animal mitológico movió fuertemente la cola creando perlas y piedras preciosas, éstas al anclase en la tierra, formaron las islas de gran belleza que jalonan la bahía. Los defensores de esta leyenda definen la etimología del nombre como “Dragón descendente”. Otras leyendas sin embargo datan el origen de la bahía en tiempos muy remotos, en ellos, los habitantes del lugar se defendían de las incursiones de los chinos que deseaban conquistar su territorio. Pidieron ayuda al Emperador de Jade que envió a sus mejores dragones a luchar al lado de los vietnamitas. Los dragones lanzaron joyas y jade que rápidamente se convirtieron en las hermosas islas que jalonan la bahía y entre ellas, los defensores construyeron las defensas que necesitaban para hundir los juncos chinos que, finalmente y gracias a esta ayuda, lograron rechazar. Al finalizar la contienda, humanos y dragones vieron la belleza resultante de los efectos del trabajo de los dragones, la visión les causó tanto placer que decidieron pasar allí el resto de sus días, tanto los dragones como sus descendientes, fruto de esa leyenda es la otra etimología de Ha-Long, más aceptada por los vietnamitas, “Los descendientes del dragón”.

Vietnam es un país muy especial, históricamente muy castigado y aunque tiene una identidad muy marcada, no siempre ha sido un estado soberano. Existen registros históricos del Reino de Van Lang, ubicado en lo que hoy es Vietnam y parte de Laos y estos registros tienen su origen en el siglo quinto A.C., ya entonces, su mayor enemigo eran los reinos de China, que dos siglos A.C. lograron incorporar el reino a sus posesiones. Vietnam es un país fértil, ribereño del mar de la China cuya riqueza en aquellos tiempos, como ahora, eran sus campos y sus costas llenas de pesca. En el momento de la invasión China, el reino se le conocía como Nam Viet.

Los vietnamitas han sido gentes orgullosas que han defendido a lo largo de la historia su autonomía, tal vez por ello, en una región del planeta que tradicionalmente ha sido muy inestable, los cambios de poder, ya sea por la invasión de otras culturas o por la dominación de dinastías reinantes, los nombres que recibió el territorio fueron muchos: Van Xuan, Dai Viet, Dai Ngu, An Nam, Dai Nam… y su extensión tuvo variantes, los Nam, denominación originaria del pueblo vietnamita, llegaron a disputar y poseer la actual Camboya, el imperio jemer por aquel entonces. Incluso en el siglo XIX, cuando los franceses toman posesión de casi toda la península de Indochina con el imprescindible apoyo de tropas españolas acantonadas en Filipinas, como potencia colonial, divide en dos partes el territorio y como no, le dan nuevos nombres, Tonkin y Annam, tras la Segunda Guerra Mundial, el nombre de Vietnam es adoptado por los nacionalistas que poco a poco logran, a costa de mucha sangre y sufrimiento, la unificación e independencia de su región, aunque ese nombre en el subconsciente planetario está ligado fundamentalmente a la terrible guerra entre Vietnam del Norte y del sur, con el apoyo exterior de China y Estados Unidos, movidos por lo que se dio eufemísticamente en llamar “Equilibrio de fuerzas”, cuando no era otra cosa que un deseo expansionista de ambas potencias militares.

No muy lejos de allí, los franceses construyeron un magnífico puente sobre el río Rojo, a finales del siglo XIX, el más largo de Asia en aquel momento, diseñado por Gustavo Eiffel, hoy junto con la bahía un símbolo de Vietnam, ese puente fue un lugar objetivo prioritario del ejército norteamericano, el motivo es que era el único lugar donde era sencillo el cruce del río Rojo por el puente de Long Bien de tropas vietnamitas de refresco y armas procedentes de China. El puente fue muy dañado y reconstruido varias veces y el bombardeo se hacía desde el golfo de Tonkin por la marina estadounidense y en aquel momento, una zona mágica como la bahía de Ha-Long corrió un riesgo importante de destrucción como el puente.

Hay que tener en cuenta que la bahía de Ha-Long es una hermosa colección de islas del tipo Kárstico, es decir, se han formado así por su composición caliza que, con el tiempo han ido perdiendo parte de su material vulnerable al agua, esta composición de la roca ha creado también unas maravillosas cavernas llenas de formaciones calcáreas creando diseños increíbles, fantásticos, una de las cuales, la más famosa, es parte de la leyenda histórica nacional. La caverna llamada Hag Dau Go, inmensa y hermosa, albergó una miríada de estacas de bambú con las que el héroe nacional, el general Tran Hung Dao, clavándolas en el fondo de la bahía sin que se vieran con la marea alta, logró bloquear y hundir a la flota China invasora, capitaneada por Kublai Khan, nieto de Genghis Khan en el Siglo XIII, dando al traste con la invasión.

La bahía de Ha-Long se sitúa en el Norte de Vietnam, a unos 170 kilómetros de la capital Hanoi, está enclavada en la zona del golfo de Tonkin y se extiende a lo largo de 120 kilómetros de costa. En ella se enclavan casi 3000 islas e islotes de piedra caliza monolítica, cubiertos de vegetación, muchos de ellos huecos albergando en su interior, como hemos dicho, hermosas cavernas. Tradicionalmente las gentes de su entorno viven mayoritariamente en casas de bambú y madera sobre algunas zonas de costa, incluso muchas de ellas disponen de una morada flotante, una costumbre que muy probablemente tiene un origen anterior a nuestra era, viven de la pesca de las 200 especies de peces y las 450 variedades de moluscos que hacen de Ha-Long su hogar, aunque muchos han abandonado sus tradicionales modos de vida para dedicarse a atender al turismo que, cada vez más, disfruta de la belleza de estos parajes.

Las Islas están pobladas por distintas especies de monos, antílopes, iguanas, y muchas variedades de aves exóticas, además de un cierto número de variedades de orquídea. Pero tal vez uno de los hechos distintivos de Ha-Long es su endemismo, en el año 2000, un grupo de botánicos financiados por la embajada holandesa en Vietnam, estuvieron estudiando las plantas de una pequeña parte de los fantásticos islotes de la bahía (el presupuesto era limitado) y tras un exhaustivo análisis y catalogación de las muestras recogidas, pudieron demostrar el hallazgo de 7 variedades nuevas, desconocidas hasta la fecha, entre ellas la Chirita violeta y la Cícada de Halong. Tristemente, con la pasión exportadora del país, necesitado de divisas con las que encauzar una economía que aún no se ha librado del todo de los terribles efectos de la guerra ni del resultado de la ideología comunista que dio origen al país reunificado, ha provocado en algunos lugares de la bahía la tala de especies arbóreas exóticas de gran valor para otros países, sin embargo, la especial protección del lugar por parte de las autoridades vietnamitas, conscientes y orgullosas del valor natural, paisajístico, turístico e histórico que Ha-Long representa está aumentando la protección medioambiental del mismo. Esa grandiosidad y valor múltiple del lugar es un hecho reconocido por la UNESCO en 1994 con el título de patrimonio de la Humanidad, reformulado para aumentar su importancia en el año 2000 y reconocido en 2011 como una de las siete maravillas naturales del Mundo, rendir viaje a ese lugar es cuando menos un privilegio para cualquier ser humano que se lo pueda permitir y más para los corazones limpios que aman la Naturaleza y la belleza que regala a quien sabe distinguirla, sin embargo, Ha-Long no necesita de especial sensibilidad para embriagar los sentidos, tan solo la fuerza con la que vibra y hace vibrar a quien la contempla es motivo más que suficiente para adentrarse en su magia como lo hicieron seres humanos desde hace casi 20.000 años.

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Angkor Wat El Símbolo de un país (Núm. 9)

Angkor Wat es según muchos arqueólogos el templo religioso más grande del mundo y una de las joyas arqueológicas del planeta. Para Camboya tiene tal magnitud que incluso es el símbolo representativo presente en la bandera nacional.

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Siempre pensé que la cultura occidental tiene un grave defecto, un mal entendido orgullo que roza la soberbia. La cultura oriental en muchos aspectos es más antigua, más culta, más profunda y sin embargo, entre los españoles se produce un desconocimiento histórico de la importancia de la presencia hispana en Asia y de la influencia de Asia en la Metrópoli. ¿Saben que la isla de Guam, hoy una base militar norteamericana fue española hasta el año 1900?, ¿Saben que tropas españolas tomaron Saigón y buena parte del Vietnam en el Siglo XIX cuando se conocía por estos pagos como Cochinchina? ¿Y que las tropas españolas formadas en buena parte por valientes soldados filipinos fueron los artífices de la conquista que posteriormente rentabilizó Francia convirtiéndose en potencia colonial en la zona ignorando a España?, ¿Saben que algunas naves españolas desembarcaron en Japón derrotando a los señores feudales japoneses, pero la falta de interés de la corona en estas tierras obligó a volver a sus bases filipinas a los invasores? ¿Saben que el pueblo filipino se convirtió por voluntad propia en súbdito de la Corona Española, estatus que desapareció tras la guerra de independencia del archipiélago, instigada, como no, por Estados unidos y sus ambiciones expansionistas? Y por último, ¿Saben que tras la caída del imperio Jemer, creador de estas maravillosas reliquias, en manos de sus vecinos los reyes de Siam, España estuvo a punto de dominar Camboya a finales del Siglo XVI y anexionarla a la corona española aprovechando las luchas dinásticas que se sucedieron a la caída del imperio?. Que poco conocemos de la historia de España en particular y de la de Oriente en general. Si, buena parte del sudeste asiático y en especial Camboya, pudo haber formado parte de la Corona Española.

Mucho antes de estos hechos, Camboya era el asentamiento de una poderosa nación, los Jemer, se conoce su poder y su influencia ya en el siglo IX aunque su mayor florecimiento se da en el Siglo XII momento en el que uno de sus monarcas, el Rey Suryavarman II decide construir un grandioso templo dedicado al Dios Visnú, la religión dominante en aquel tiempo era el hinduismo. Los Jemer debieron ser una cultura extraordinaria, no es sencillo para un pueblo poco culto levantar tan grandes edificios, concebir tal belleza arquitectónica, adornarla con las más hermosas filigranas y esculturas, no, el pueblo Jemer debió acumular los conocimientos ancestrales de buena parte de la cultura oriental, hindú, china… conocimientos milenarios y muy complejos para dejar al futuro tan magna herencia. Lástima que el sanguinario dictador Pol Pot denominara a su grupo de iluminados a mediados del siglo XX los Jemer rojos. Mezclar tanta brutalidad, tanta estupidez con la historia, deja una extraña y desagradable sensación al pronunciar la palabra Jemer. Aunque no conozco la historia de Camboya en profundidad, no recuerdo otro monumento de los seguidores de Pol Pot que las montañas de cráneos y las paredes llenas de fotografías de sus conciudadanos masacrados por el simple hecho de tener estudios superiores, llevar gafas o conocer otro idioma. Sin embargo, Angkor Wat sí es un monumento a una cultura que decidió dejar para la posteridad una muestra de su poder. No es mi intención juzgar pero ambos lugares son hoy centro de las visitas turísticas, el templo para recordar la grandeza de un pueblo, independientemente de su cultura y los lugares de holocausto para recordar justo lo contrario, la bajeza humana y moral en su máxima expresión.
Existe una leyenda poco creíble de las razones por las que el Rey Suryavarman II decidió levantar en la llanura cercana a la ciudad actual de Siem Reap el templo de Angkor. Cuenta la leyenda que dejó en libertad a un buey con la intención de levantar el templo en honor de Visnú en el lugar donde el animal se encontrara tan cómodo como para tumbarse, la realidad es tal vez más interesante. Se eligió un emplazamiento muy próximo a la antigua ciudad de Yashodharapura una ciudad sagrada como significa su nombre en sanscrito. No sabría explicar las razones por las que ciertos lugares adquieren ese halo misterioso de sagrados, hay quien defiende que son lugares con una energía especial, vórtices por los que fluye el magnetismo terrestre en mayor medida, otros aseguran que tiene que ver con eventos naturales, como la costumbre de los Vetones en España de poner sus altares de sacrificios sobre piedras con alto contenido férrico, composición que suele actuar para convertir a esas piedras en para-rayos. Con la conciencia de que los meteoros eran obra de los Dioses, es fácil aceptar que esos lugares, o eran los preferidos de los Dioses en su estancia en la Tierra o los utilizaban para mostrar su grandeza, esta explicación es la más plausible, pero fuera como fuese, Angkor Wat se construyó en un lugar sagrado para la cultura jemer, eso es un hecho.

La construcción fue bastante rápida para la época, y el Rey vivió en el interior de los muros del complejo, allí estaba el palacio real, pero a la muerte del creador de esta maravilla, 37 años después, las obras quedaron paralizadas y no concluyeron jamás, nunca sabremos cómo pudo ser el complejo de Angkor Wat si hubiera sido terminado. En 1177 Angkor fue saqueado por sus vecinos y enemigos radicales los Cham, habitantes del actual Vietnam. Once años después, el Rey Jayavarman VII recuperó el territorio expulsando a los Cham y aunque recuperó Angkor Wat, trasladó la capital a Angkor Thom y erigió un nuevo templo en base a sus nuevas creencias budistas. Los sucesores del monarca fueron siendo fieles sucesivamente al hinduismo y al budismo con carácter destructivo para los centros del culto ajeno pero, por fortuna, Angkor Wat no solo no sufrió la venganza religiosa, algunos monarcas hicieron obras de conservación y mejora, pero la expansión del budismo era pujante y el templo dedicado a Visnú terminó convirtiéndose, con las modificaciones pertinentes, en uno de los mayores templos budistas del extremo oriente.

Con la definitiva caída del Imperio Jemer por el hostigamiento de siameses y mongoles entre otros pueblos expansionistas, el complejo de Angkor fue abandonado trasladándose la capital al sur, más cerca del Mar, a excepción del templo principal que se mantuvo ocupado por monjes budistas hasta nuestros días.

Noticias en occidente de la existencia de Angkor Wat son frecuentes aunque no siempre fueron comprobadas debido a la inexpugnable selva de la zona, por eso, en el siglo XIX, las referencias de un misionero francés habló maravillado de las bellezas de Angkor Wat y en especial del templo central. Tales afirmaciones pusieron a aventureros, arqueólogos y viajeros a la busca del paraíso perdido. Al convertirse la península de indochina en colonia francesa, las instituciones del vecino país pusieron todo su empeño en detener el deterioro del complejo de Angkor y aun después de haber abandonado como potencia colonial la zona, continuaron encabezando el estudio y el mantenimiento de los monumentales edificios de la zona hasta la llegada de la revolución encabezada por el sanguinario Pol Pot y sus Jemeres rojos. Una vez sofocada la revolución, el nuevo gobierno camboyano y los sucesivos, convirtieron el lugar en el centro turístico más conocido y valorado del sureste asiático. Por ese esfuerzo, el lugar fue reconocido por la UNESCO como patrimonio de la humanidad en 1995. Hoy está rodeado de alojamientos turísticos sin que la presión urbanística haya destruido la imagen y el privilegiado entorno de Angkor Wat, incluso se ha construido a no muchos kilómetros del complejo, un aeropuerto internacional que facilita la llegada del turismo a uno de los centros más apreciados del país y una de sus más apreciadas fuentes de ingresos.

La conservación en la segunda mitad del siglo pasado ha sido extremadamente problemática, en parte por la cercana guerra del Vietnam, en parte por la revolución de los Jemer rojos y finalmente por las labores de restauración llevadas a cabo por diversas instituciones, camboyanas y extranjeras, sin los controles adecuados, que han propiciado problemas de degradación progresiva de la piedra que conforma la construcción, en especial tras la eliminación de las especies vegetales que invadían alguno de los templos del complejo mediante distintos tipos de herbicidas químicos que se han revelado extremadamente perjudiciales por su toxicidad, no solo para la flora próxima, también para la piedra, como hemos dicho.

Pero no todas las construcciones del complejo han sido “rescatadas” de la naturaleza, uno de los edificios, Ta Prohm se ha querido conservar tal y como los arqueólogos del siglo XIX pudieron observar a la práctica totalidad de los edificios de Angkor, no se han talado los fantásticos ejemplares cuyas raíces se apoyaban sobre los sillares, rompiendo en algunos casos la cohesión que mantenían su verticalidad, convirtiéndose en una suerte de exoesqueleto leñoso de hasta 100 metros de altura en casos excepcionales. Ta Prohm no puede competir con la majestuosidad de Angkor, el templo principal, emblema de una nación y sin embargo es probablemente el lugar más visitado y fotografiado del complejo que fue la capital del imperio Jemer. ¿Qué hace tan atractivo a Ta Prohm?, los magníficos ejemplares de ficus gibbosa y tetrameles nudiflora. Ta Prohm fue construido a partir de 1186 por expreso deseo del Rey Jayavarman VII quien se lo dedicó a su madre. Fue utilizado como monasterio budista y universidad. En sus tiempos de gloria llegó a ser atendido por la nada despreciable cifra de 80.000 súbditos y entre sus pertenencias llegó a disponer de 500 kilos de oro, 40.000 perlas e infinidad de piedras preciosas, tal vez era el cebo para los enemigos del imperio Jemer, las enormes riquezas de Angkor y sus alrededores. Cuando es definitivamente abandonado en el siglo XV, la selva retoma sus posesiones con la firmeza y paciencia que le caracteriza.

Cuando las instituciones francesas comienzan a restaurar los edificios del complejo de Angkor, deciden respetar los árboles cuyas raíces habían colonizado los sillares del templo, por su hermoso valor paisajístico y así recordar como encontraron la gran mayoría de los edificios. Hoy es, como digo, uno de los lugares con mayor encanto natural y turístico de Camboya y si algún día decidieran sustituir el emblema de Angkor en la bandera, seguro que sería uno de los edificios de Ta Prohm abrazado por las raíces de uno de los gigantescos árboles de la selva Camboyana.

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