El jardín del Museo Sorolla

Hacía tiempo que queríamos volver a visitar el jardín del Museo Sorolla. Para ello, elegimos un domingo por la mañana por razones varias. La primera porque el palacete que fue la vivienda de D. Joaquin Sorolla está en una señorial calle de Madrid, señorial pero con mucho tráfico y un domingo por la mañana, entre semáforo y semáforo, se puede escuchar como los pájaros rompen el silencio, en días de diario esto es impensable, segundo porque, tras la visita del jardín, disfrutar del arte del célebre pintor es gratuito el domingo y tercero, porque también lo es aparcar en la zona en ese día. Muchas ventajas a las que cabe añadir que, si la visita comienza con la apertura del museo a las 10 de la mañana, la luz que en el mes de julio incide en el jardín es hermosa, más tarde demasiado plana y por la tarde escasa.
Así, justo a las 10 comenzamos un paseo por el recoleto lugar. El jardín del museo, de inspiración andaluza, fue diseñado por el propio Sorolla en 1911 y dividido en tres ambientes con diseños diferenciados, el primero, en el frontal de la casa, está inspirado en el jardín de la Troya de los Reales Alcazares sevillanos. En él destaca la fuente central de marmol, los bancos de azulejos al más puro estilo andaluz, el muro con tres escudos antiguos y dos columnas rematadas con sendas esculturas que separan este primer espacio del segundo, inspirado este en la ria del Generalife granadino, con hermosas fuentes sobre azulejos, arrayanes en los laterales y al fondo un torso romano. Es probablemente el espacio que más llama la atención y fué construido y plantado entre el año 1915 y 1916.
El tercer y último espacio introduce a su vez dos configuraciones diferenciadas, una la pérgola de la derecha en la que hoy tiene lugar preeminente el busto del pintor, y frente a esta, una alberca sevillana presidida por una escultura de Francisco Marco Diaz Pintado consistente en dos figuras femeninas aparentemente hablando bajo, titulada «confidencias». Esta zona se realizó entre 1912 y 1913 aunque fue reformada en 1917 a la conclusión del tardío diseño de la ria.
Árboles plantados por el pintor, rincones que invitan a la lectura o la meditación, sensación de fresucra y paz, además de la elegancia y la belleza que Joaquín Sorolla decidió imprimir al que fuera su oasis personal, donde frecuentemente salía a pintar disfrutando del entorno.
Esta es una visita que recomendamos por su contenido histórico y por su enorme belleza.

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